Tortilla a 23 pesos: campesinos de Veracruz transforman su maíz nativo y abren su propio mercado

Para algunas familias campesinas, sembrar maíz ya no significa solamente esperar la cosecha. En el sur de Veracruz, productores organizados decidieron dar un paso más: transformar su propio maíz, venderlo directamente y recuperar, al menos en parte, el valor de un producto que durante generaciones ha estado ligado a la vida cotidiana de sus comunidades.
La historia ocurre en Texistepec, donde cinco Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC) unieron esfuerzos para poner en funcionamiento una tortillería comunitaria bajo el nombre “Maíz del Pueblo”.
El proyecto forma parte de Sembrando Vida y, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, forma parte de una estrategia para abrir nuevos canales de comercialización al maíz criollo producido por las propias comunidades.
En Veracruz ya funcionan 42 tortillerías “Maíz del Pueblo”, con la participación de alrededor de 840 familias campesinas.
Una aportación de 100 pesos para comenzar
Detrás de la tortillería de Texistepec hay una historia de organización que comenzó con algo tan sencillo como ponerse de acuerdo.
Las y los integrantes de cinco CAC decidieron aportar 100 pesos por persona para reunir los recursos iniciales. Con ese dinero compraron un molino, un comal, prensas y materiales para realizar las adecuaciones eléctricas necesarias.
El objetivo era claro: que el maíz sembrado en la comunidad no terminara perdiendo su valor en el camino hacia el consumidor.
Entre quienes participan está Belia Gabriel García, agricultora que lleva siete años en Sembrando Vida y que hoy encabeza el comité encargado de administrar la tortillería.
Su relación con la tierra comenzó desde niña. Su padre cultivaba chile y maíz para venderlos en la región del sur de Veracruz. Años después, Belia regresó a esa actividad desde otra perspectiva: no solamente sembrando, sino participando en una organización campesina que busca que el trabajo del campo también genere oportunidades económicas para quienes lo realizan.
Una tortilla que también busca cuidar el bolsillo
La iniciativa tiene otro componente que toca directamente a las familias consumidoras.
En Texistepec, el kilo de tortilla de “Maíz del Pueblo” se vende en 23 pesos, mientras que, según la Secretaría de Agricultura, en otros establecimientos el precio oscila entre 26 y 28 pesos.
La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa una sola compra. Pero para una familia que lleva tortillas a la mesa todos los días, cada peso cuenta.
Y ahí es donde el proyecto intenta conectar dos realidades que con frecuencia aparecen separadas: quienes producen los alimentos y quienes los consumen.
La tortillería no solamente busca que las familias campesinas encuentren un mercado para su maíz. También pretende ofrecer a la población una alternativa de compra a un precio más accesible.
Más que tortillas: un escaparate para la producción local
“Maíz del Pueblo” también funciona como punto de venta para otros productos elaborados por integrantes de las CAC.
En sus anaqueles pueden encontrarse más de 40 productos con valor agregado, entre ellos café, chocolate, cacao, pinole, vinos de frutas, jabones de cacao y aceite de coco.
La lógica es sencilla, pero no menor: que las familias no tengan que limitarse a vender sus cosechas como materia prima, sino que puedan transformarlas y encontrar nuevos mercados dentro de su propia región.
En ese sentido, la tortillería se convierte en algo más que un establecimiento donde se compra comida. Es también un espacio para mostrar lo que producen las comunidades cuando tienen organización, conocimientos compartidos y la posibilidad de comercializar directamente.
El maíz como alimento, identidad y trabajo
En México, hablar de maíz es hablar también de memoria. Es parte de la alimentación cotidiana, pero también de las historias familiares, de las parcelas y de los conocimientos que pasan de una generación a otra.
Por eso, la experiencia de Texistepec tiene una dimensión que va más allá del precio de un kilo de tortillas.
Se trata de una comunidad que intenta conservar el cultivo de maíz criollo mientras encuentra una manera distinta de relacionarse con el mercado. El reto es que el trabajo de sembrar, cosechar, transformar y vender deje mayores beneficios en las manos de quienes participan en cada etapa.
El proyecto fue impulsado inicialmente como parte de una segunda etapa de Sembrando Vida, enfocada en que las comunidades avanzaran de la producción hacia la transformación y comercialización de sus cosechas.
Ahora, la estrategia continúa bajo la política de transformación del campo del Gobierno de México, con la intención de fortalecer la participación de las comunidades rurales en las cadenas productivas.
