Mujeres del campo, clave para combatir el hambre: Gobierno Federal

Las mujeres productoras se han convertido en una pieza central de la estrategia del Gobierno de México para avanzar hacia la meta de Hambre Cero, no sólo por su participación en la producción de alimentos, sino por el papel que desempeñan en la conservación de semillas, conocimientos y sistemas tradicionales de cultivo.
Durante la inauguración del Women’s Energy and Sustainability Summit (WESS) 2026, la titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (AGRICULTURA), Columba Jazmín López Gutiérrez, destacó que impulsar a las mujeres del sector agroalimentario es indispensable para construir un campo con mayores ingresos, innovación y desarrollo rural.
“Las mujeres son guardianas de semillas, de saberes y de nuestra tierra”, señaló la funcionaria, al destacar su contribución en las comunidades rurales y en la producción de alimentos que llegan a las mesas de las familias mexicanas.
Cientos de miles de mujeres reciben apoyos
De acuerdo con las cifras presentadas por la Secretaría de Agricultura, durante el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el programa Producción para el Bienestar ha atendido a 658 mil mujeres productoras, mientras que Fertilizantes para el Bienestar ha beneficiado a más de 847 mil.
A esta participación se suma el componente Bienpesca, que en lo que va de 2026 ha llegado a 44 mil 387 pescadoras y acuacultoras.
Las cifras forman parte de una política que, de acuerdo con la dependencia, busca fortalecer la producción de pequeña y mediana escala y mejorar los ingresos de quienes trabajan en el campo y las actividades pesqueras.
Mujeres también participan en abasto de maíz y frijol
La estrategia también contempla la comercialización y el abasto de alimentos básicos.
La Secretaría de Agricultura informó que en el acopio de maíz y frijol participan 66 mil pequeños productores, de los cuales 21 mil 800 son mujeres.
Además, la red de 27 mil Tiendas Bienestar contempla la participación obligatoria de al menos tres mujeres en cada comité encargado de su administración.
El objetivo es vincular la producción rural con el consumo y fortalecer los canales de comercialización directa.
La milpa, una apuesta contra la mala alimentación
Durante el encuentro, López Gutiérrez planteó también la necesidad de recuperar el valor de los alimentos tradicionales y fortalecer la conexión entre las zonas rurales y urbanas.
Entre las propuestas destacó la promoción de la dieta de la milpa, basada en productos como maíz, frijol, chile y calabaza, además del consumo de leche, proteínas y otros granos básicos.
La funcionaria defendió particularmente el consumo de frijol como fuente de proteína vegetal y rechazó asociarlo con pobreza.
“Transformar el campo es transformar nuestra forma de alimentarnos”, sostuvo.
Una estrategia que conecta campo, alimentación y tecnología
El Gobierno federal busca articular programas como Sembrando Vida, Alimentación para el Bienestar y Leche para el Bienestar para impulsar una estrategia nacional que fortalezca la alimentación saludable, la comercialización directa y los ingresos de productores de pequeña y mediana escala.
La propuesta fue presentada en el WESS 2026 bajo el lema “Planeta Hambre Cero: Los sistemas que harán posible alimentar al mundo”, un encuentro que aborda la seguridad alimentaria desde distintos frentes, entre ellos energía, agua, infraestructura, logística, tecnología, inteligencia artificial y financiamiento.
Para Oaxaca, donde las actividades agrícolas y los sistemas tradicionales de producción tienen un peso importante en numerosas comunidades, el debate sobre el papel de las mujeres productoras cobra especial relevancia. No obstante, las cifras presentadas durante el encuentro corresponden al ámbito nacional y el comunicado oficial no desglosa cuántas de las beneficiarias pertenecen específicamente a Oaxaca.
Mujeres, una pieza clave para el futuro del campo
La Secretaría de Agricultura plantea que alcanzar la meta de Hambre Cero requiere algo más que incrementar la producción de alimentos: implica garantizar sistemas alimentarios sostenibles, mejorar la nutrición, fortalecer a los pequeños productores y reconocer a quienes mantienen vivas las prácticas agrícolas tradicionales.
En ese escenario, las mujeres del campo ocupan un lugar estratégico. Su participación en la producción, conservación de semillas, pesca, comercialización y organización comunitaria las convierte en un sector indispensable para la transformación del sistema agroalimentario.
El reto ahora será traducir los apoyos y las políticas públicas en mayores ingresos, acceso a tecnología, mercados y mejores condiciones para las productoras, de manera que el reconocimiento a su papel en el campo también se refleje en su bienestar y en el de sus comunidades.
