Cuando el girasol llega a la milpa: El Maíz es la Raíz apuesta por la diversidad en Oaxaca

En  Santos Degollado, municipio de San Juan Bautista Guelache, en los Valles Centrales de Oaxaca, el maíz comparte espacio con una planta que destaca entre sus hileras: el girasol.

Su presencia no es casual. Forma parte de una estrategia de manejo agroecológico impulsada desde el componente El Maíz es la Raíz, de Alimentación para el Bienestar, que acompaña a las y los productores en procesos de aprendizaje, evaluación e innovación directamente en el territorio.

La apuesta es sencilla, pero profunda: conocer mejor las semillas, experimentar en campo y encontrar prácticas que permitan fortalecer la producción de maíces nativos sin dejar de cuidar el entorno que hace posible la milpa.

Siete maíces bajo la lupa

Durante una visita de seguimiento a las Parcelas de Aprendizaje de Evaluación Participativa y de Innovación, la técnica territorial Andrea Sanpedro Ramírez revisó el desarrollo de los cultivos junto con el coordinador estatal de El Maíz es la Raíz, Jaime Abel Leal, y el técnico especialista Carlos Barragán García.

En la parcela de Evaluación Participativa se sembraron siete materiales de maíz: cuatro blancos y tres de colores —amarillo, rojo y negrito—.

Más que una competencia entre semillas, el ejercicio busca conocer cómo se comporta cada una en las condiciones de la comunidad.

Las y los productores observan su desarrollo, comparan su rendimiento y analizan sus características organolépticas, como sabor, textura, aroma y color. Estos elementos son importantes porque la selección no depende únicamente de cuánto produce una variedad, sino también de cómo funciona en la cocina y en la alimentación cotidiana.

El objetivo es identificar cuáles pueden responder mejor a las necesidades de las familias, especialmente para preparar alimentos tradicionales como atole y tortillas.

Foto: Karina Castillo Castillo

Semillas que cruzan territorios

La parcela de Innovación cuenta otra historia.

Ahí se sembraron maíces blanco y rojo, éste último proveniente de la Mixteca. El maíz rojo lleva alrededor de tres años cultivándose en esta localidad, tiempo en el que se ha observado su adaptación a las condiciones de los Valles de Etla.

Este proceso muestra que las semillas también viajan, se prueban y encuentran nuevos territorios donde pueden desarrollarse.

La experimentación campesina permite así conocer qué variedades tienen un mejor comportamiento y, al mismo tiempo, mantener viva la diversidad de maíces que forma parte de la alimentación y cultura de Oaxaca.

El girasol, un aliado de la milpa

Y entonces aparecen los girasoles.

Sembrados entre los maíces, aportan diversidad a la parcela y forman parte de una estrategia para favorecer el control biológico de plagas. Pero su función no termina ahí.

Sus flores ofrecen alimento a abejas y otros polinizadores, convirtiendo a la parcela en un espacio donde el maíz convive con otras plantas y con los organismos que contribuyen al equilibrio del agroecosistema.

La idea detrás de esta práctica es mirar la milpa como un sistema vivo y diverso, no como un cultivo aislado. Cada planta puede cumplir una función y contribuir, desde su lugar, a mantener el equilibrio del terreno.

Aprender, experimentar y decidir desde la parcela

Esta experiencia forma parte de la mecánica de trabajo de El Maíz es la Raíz: aprender desde el territorio, evaluar distintas semillas, experimentar con alternativas y tomar decisiones a partir de lo que ocurre en el campo.

Las Parcelas de Aprendizaje de Evaluación Participativa permiten que las y los productores comparen materiales y reconozcan cuáles se adaptan mejor a sus necesidades. Las Parcelas de Innovación, por su parte, abren espacio para probar prácticas y alternativas que puedan incorporarse al manejo de sus cultivos.

En Santos Degollado, los maíces blanco, amarillo, rojo y negrito se observan no sólo por su rendimiento, sino por lo que pueden aportar a la alimentación de las familias.

Y entre sus surcos, los girasoles ponen una nota de color y cumplen una función que va más allá de lo ornamental: atraer y alimentar a los polinizadores y sumar diversidad al sistema productivo.

Porque una milpa viva no sólo se construye con semillas. También necesita diversidad, conocimiento y prácticas que permitan producir alimentos mientras se cuida el territorio.

Ahí, entre el maíz y los girasoles, El Maíz es la Raíz encuentra una forma de mirar hacia el futuro sin dejar de cultivar las raíces.

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