Alejandro Arteaga gana el Premio Xavier Villaurrutia 2025

El escritor fue reconocido por Sala de máquinas, un libro de 21 ficciones que mezcla poesía, narrativa, tecnología y formatos tan diversos como el informe, la epístola y el artículo periodístico. El jurado destacó su capacidad para borrar las fronteras entre géneros y convertir el libro en un territorio donde se enfrentan automatismo y libertad.
Una máquina literaria para pensar nuestro tiempo
¿Qué pasa cuando una máquina escribe poesía? ¿Qué ocurre cuando la tecnología comienza a ocupar espacios que antes parecían exclusivamente humanos? ¿Dónde termina la realidad y empieza la ficción?
Esas son algunas de las preguntas que atraviesan Sala de máquinas, obra con la que Alejandro Arteaga obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2025, uno de los reconocimientos de mayor tradición en las letras mexicanas.
El premio fue otorgado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), mediante la Coordinación Nacional de Literatura, en colaboración con la Sociedad Alfonsina Internacional.
El jurado, integrado por Liliana Weinberg, Mónica Nepote y Hugo Valdés, decidió por mayoría reconocer el trabajo de Arteaga, al considerar que su libro funciona como una especie de artefacto literario: una ficción híbrida capaz de saltar entre géneros, estructuras y formas de contar.
La apuesta de Sala de máquinas no es sólo hablar de tecnología. Es utilizarla como una herramienta para preguntarnos qué significa ser humanos cuando las máquinas comienzan a hacer cosas que durante siglos asociamos con nuestra imaginación, inteligencia y capacidad creativa.
Veintiuna máquinas, veintiuna historias
Sala de máquinas reúne 21 ficciones construidas alrededor de inventos y tecnologías que se mueven entre lo fantástico, lo absurdo y lo improbable.
Hay una lupa electrónica capaz de resolver crímenes, una nave aerostática del siglo XIX diseñada para paisajistas, un robot que escribe poesía y consigue ganar un concurso, una caminadora que sirve para ayudar a tomar decisiones y hasta una ciudad automática instalada en el Amazonas.
El universo del libro no se limita a imaginar qué hacen estos aparatos. Arteaga también explora cómo fueron construidos, para qué sirven, qué sucede cuando dejan de funcionar y cuáles pueden ser las consecuencias de ponerlos en manos humanas.
El resultado es una obra que juega deliberadamente con las categorías tradicionales de la literatura.
¿Novela, cuento, ensayo, manual o archivo?
Una de las características más interesantes de Sala de máquinas es que sus historias no están contadas siempre de la misma manera.
Arteaga recurre a formatos que van desde la epístola y el informe hasta el artículo periodístico, el ensayo, el discurso y la hoja de venta.
La mezcla no es un simple ejercicio de estilo. El libro utiliza esas formas para construir una experiencia en la que el lector tiene que cambiar constantemente de perspectiva.
Un texto puede parecer un documento técnico y, unas páginas después, convertirse en una historia sobre la imaginación, la identidad o la creación artística.
Por eso el jurado destacó precisamente el carácter híbrido de la obra y su capacidad para superar las fronteras entre géneros mediante un proceso continuo de transformación.
Cuando una máquina también puede ser artista
Uno de los conflictos centrales de Sala de máquinas aparece cuando la tecnología empieza a ocupar terrenos tradicionalmente asociados con las personas.
La creación artística es uno de ellos.
¿Qué sucede si una máquina puede escribir un poema? ¿La obra sigue siendo humana si detrás de ella existe un mecanismo? ¿Qué pasa con la identidad cuando alguien decide voluntariamente transformarse o delegar parte de su capacidad creativa a una tecnología?
Arteaga utiliza estas preguntas para explorar temas como la relación entre tecnología y humanidad, libertad y determinismo, automatismo y creación.
También aparecen la identidad voluntaria, los límites cada vez más difusos entre realidad y ficción y la exploración del subconsciente.
En otras palabras, las máquinas del libro pueden parecer extravagantes, pero las preguntas que provocan son bastante actuales.
Un premio con siete décadas de historia
El Premio Xavier Villaurrutia fue creado en 1955 con la intención de reconocer y estimular la excelencia literaria.
Desde entonces, su historia se ha cruzado con algunas de las obras y autores fundamentales de la literatura mexicana.
Su nombre rinde homenaje a Xavier Villaurrutia, poeta, dramaturgo, crítico y miembro fundamental del grupo de los Contemporáneos.
Para Arteaga, precisamente ahí está una parte importante del significado de recibirlo.
El escritor señaló que el prestigio del premio se encuentra en las obras y autores que han formado parte de su historia. Mencionó entre ellos a José Revueltas, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Amparo Dávila, Inés Arredondo, Augusto Monterroso, Rosario Castellanos, Efraín Huerta y José Emilio Pacheco.
Entrar a esa lista, dijo, representa para él un privilegio.
Alejandro Arteaga: una trayectoria entre libros y premios
El reconocimiento a Sala de máquinas se suma a una trayectoria que ya ha sido distinguida en varias ocasiones.
Arteaga estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas entre 2006 y 2008.
En narrativa ha publicado, entre otras obras, Sick & McFarland. Una novela pretenciosa, escrita junto con Alfonso Nava, y Anfiteatro. Por la primera obtuvo el Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2016 y por la segunda el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano 2018.
También ha incursionado en la minificción y el cuento. Con Biblioteca mínima recibió el Premio Bellas Artes de Minificción Edmundo Valadés 2019, mientras que Biblioteca portátil obtuvo el Premio Nacional de Cuento Corto Eraclio Zepeda 2023.
Antes de llegar al Villaurrutia, Sala de máquinas ya había sido reconocida con el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2024.
Actualmente, Arteaga forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Una literatura que no le teme a las preguntas incómodas
El reconocimiento a Sala de máquinas también habla de una literatura mexicana que continúa buscando nuevas formas para contar historias.
En lugar de separar ciencia y literatura, realidad y ficción o tecnología y humanidad, la obra de Arteaga parece interesada justamente en el espacio donde esas fronteras comienzan a desdibujarse.
La Secretaría de Cultura destacó que la literatura tiene la capacidad de mirar críticamente el presente y, al mismo tiempo, imaginar otros futuros.
En ese sentido, el premio reconoce una obra que utiliza máquinas imposibles, inventos absurdos y escenarios fantásticos para hablar de algo mucho más cercano: qué estamos dispuestos a delegar en la tecnología y qué parte de nosotros mismos queremos conservar cuando las máquinas empiezan a hacer lo que antes sólo podíamos hacer nosotros.
Y quizá ahí está la apuesta más interesante de Sala de máquinas: no imaginar un futuro lejano, sino utilizar la ficción para obligarnos a mirar el presente de otra manera.
