Viernes de Dolores: los fieles acompañan a la Virgen en su sufrimiento previo a la Semana Santa

 Hoy se conmemora el Viernes de Dolores, una antigua tradición cristiana vinculada directamente a la Semana Santa, dedicada a recordar los dolores y sufrimientos de la Virgen María durante la Pasión de Cristo. Este día, también conocido como “Viernes de Concilio”, marca el inicio de la preparación espiritual para la Semana Mayor y el Triduo Pascual.

Aunque en muchos lugares esta práctica ha caído en desuso, en Oaxaca y otros estados se sigue celebrando con devoción a través de Misas, procesiones, paraliturgias y vigilias. Los fieles se acercan a la Virgen bajo la advocación de la “Dolorosa” para acompañarla en los momentos de angustia que preceden la Pasión de su Hijo.

Orígenes y consolidación de la celebración

Desde los inicios del cristianismo, la Virgen María ha sido objeto de meditación sobre los dolores que experimentó durante la vida de Jesús, especialmente en los momentos cercanos a su crucifixión y muerte. Esta devoción se consolidó a nivel universal en 1472, cuando el Papa Benedicto XIII institucionalizó la celebración del Viernes de Dolores como el viernes previo al Domingo de Ramos.

A lo largo de los siglos, la festividad mantuvo su esencia hasta 1814, cuando el Papa Pío VII trasladó la celebración al 15 de septiembre, coincidiendo con la Exaltación de la Santa Cruz. Sin embargo, en la tercera edición del Misal Romano (2000), San Juan Pablo II permitió conservar la memoria de la Virgen de los Dolores como celebración ferial el viernes previo a Semana Santa, reconociendo la continuidad de esta devoción.

Devoción a los Siete Dolores

La práctica del Viernes de Dolores invita a los fieles a contemplar los siete dolores de María, prometiendo gracias espirituales a quienes honren y mediten sobre sus sufrimientos. Revelaciones a Santa Brígida de Suecia y Santa Isabel de Hungría reforzaron la importancia de acompañar a la Virgen en oración y meditación diaria.

Una tradición viva en México

En México, la celebración combina la devoción con las costumbres populares: se preparan altares en las casas, los niños rezan el rosario mientras visitan hogares y se ofrecen bebidas tradicionales como el “agua fresca”. Todo ello refleja la riqueza cultural y espiritual que acompaña a la Semana de Pasión.

El Viernes de Dolores permite a los fieles sintonizarse con la esperanza y la misericordia que trae la Semana Santa, recordando que, después de la tiniebla, la luz se abrirá paso, acompañados siempre por la Madre Dolorosa.

Con información de aciprensa

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