Un Real Madrid desastroso cae en Lille

El equipo de Carlo Ancelotti, desfigurado de principio a fin, firma la primera derrota de la temporada

Un Real Madrid de nuevo desastroso firmó la primera derrota de la temporada ante el Lille tras 36 partidos oficiales consecutivos invicto y evidenció de paso que su crisis de juego es cada vez más profunda. El conjunto francés, uno de los más asequibles de la competición sobre el papel, desnudó todas las carencias de los de Ancelotti, extraviados de principio a fin en Lille. El cuadro blanco entró mal al partido, se complicó la vida por culpa de un penalti estúpido de Camavinga antes del descanso y en la segunda parte no encontró remedio a todos los males que sufre, que no son pocos ni menores.

Pasan los partidos y las semanas y el Real Madrid sigue jugando rematadamente mal a fútbol. El regreso del enérgico Camavinga no sirvió para harmonizar la posesión de balón del conjunto blanco, de nuevo lenta y previsible. El centrocampista francés se situó en el doble pivote junto a su compatriota Tchoauméni, un sospechoso habitual en los últimos tiempos en el Madrid. En las bandas se situaron Valverde Bellingham, dos de los motores del conjunto blanco que pierden peso e influencia cuando están pegados a la cal. El inglés sigue lejos de la versión que ofreció hace justo un año y por momentos se le vio desesperado pidiendo el balón.

Al Lille, plagado de lesionados, le bastó con ordenarse sin balón con dos líneas muy juntas para cortocircuitar la circulación del Madrid. Sin armadores del juego, el recurso más habitual fue el balón largo de Militao Rüdiger para las carreras de Vinicius Endrick. El ex del Palmeiras se estrenó como titular esta temporada y gozó de la mejor ocasión de los blancos en el primer tiempo. Endrick se internó en el área del Lille con un cambio de ritmo marca de la casa pero su remate salió muy centrado y Chevalier evitó el 0-1. Esa acción y un disparo de Vinicius en el arranque del choque fueron las únicas acciones de peligro del Madrid en la primera parte.

El conjunto de Génésio advirtió rápidamente que su rival no está ni mucho menos para tirar cohetes y no tardó en encontrarle las costillas. En el ecuador del primer tiempo Lunin se lució con un doble paradón a Jonathan David, primero evitando su cabezazo a bocajarro e, inmediatamente después, sacando una mano salvadora desde el suelo para desviar el balón a la madera.

El equipo de Ancelotti, lejos de espabilar, siguió jugando al ritmo cansino al que se está acostumbrando este curso, sin mordiente, verticalidad ni velocidad para desarbolar las telarañas defensivas que le plantean por simples que sean.

El partido se le torció al Madrid al filo del descanso por una mano temeraria de Camavinga dentro de su área al parar un tiro libre de Zhegrova, el mejor de los locales. El colegiado no la vio en primera instancia pero fue advertido por el VAR para revisar la acción y decretó el penalti. Jonathan David, seguro desde los once metros, engañó a Lunin para inaugurar el marcador.

En el entretiempo Ancelotti movió ficha pero no para meter a Rodrygo o a Mbappé, que era lo previsible, sino para sustituir a Mendy por Fran García. Como la cosa no mejoraba, el italiano dio entrada a Mbappé Modric por Endrick Militao y situó a Tchouaméni de central. Ni por esas reaccionó el Madrid, ahogado en el centro del campo por más que entrara en el terreno de juego Arda Güler.

Los blancos ni siquiera lograron inquietar al Lille, comodísimo defendiendo a un Madrid impreciso hasta decir basta. Nadie sobresalió en la mediocridad general. Vinicius, Bellingham, MbappéCarvajal y hasta Valverde, siempre fiable, pasaron de puntillas en una noche aciaga de los de Ancelotti. La desesperación gobernó los últimos minutos del Madrid, con BellinghamModric Rüdiger siendo amonestados. Hasta el minuto 80, el Real fue incapaz de generar peligro. Con las prisas y Rüdiger de delantero, el Madrid tuvo dos ocasiones pero no estuvo atinado ante un Chevalier crecido.

El entrenador italiano no da con la tecla por más que mueva la alineación y el Madrid, lejos de mejorar, empeora partido a partido. Lille fue el síntoma de una enfermedad a la que Carletto y los jugadores son incapaces de encontrar cura.

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