Preservan maíz bolita en San Andrés Zautla; por 30 años han usado la semilla de sus parcelas

En las tierras de San Andrés Zautla, Oaxaca, la preservación del maíz nativo bolita sigue viva gracias al trabajo de productores comprometidos con la conservación de las semillas originarias que forman parte del patrimonio biocultural de México.

Uno de ellos es Dzahuindanda Soriano Lozano, pequeño productor de maíz nativo, frijol y jícama, quien cultiva maíz bolita utilizando la misma semilla que su padre ha preservado y producido durante más de tres décadas. Como parte de una práctica heredada de generación en generación, cada ciclo agrícola selecciona cuidadosamente las mejores mazorcas de su parcela para obtener la semilla que sembrará al año siguiente, garantizando así la continuidad de esta variedad nativa.

Dzahuindanda es beneficiario del programa “El Maíz es la Raíz”, impulsado por Alimentación para el Bienestar, mediante el cual recibe acompañamiento técnico para fortalecer la producción y conservación de maíces nativos. En este proceso cuenta con la asesoría de la técnica territorial Andrea San Pedro Ramírez, quien brinda seguimiento y capacitación para mejorar las prácticas agrícolas y preservar la diversidad genética de los cultivos.

La conservación del maíz bolita cobra especial relevancia dentro del Plan Nacional de Maíz Nativo, estrategia impulsada por el Gobierno de México para proteger las variedades originarias, fortalecer la soberanía alimentaria y reconocer el papel de las comunidades campesinas como guardianas de la biodiversidad agrícola del país.

El maíz bolita es una de las razas nativas emblemáticas de Oaxaca y constituye un elemento fundamental de la identidad cultural, gastronómica y productiva de las comunidades rurales. Su preservación contribuye a mantener la riqueza genética del maíz mexicano, considerada una de las más importantes del mundo, además de fortalecer sistemas agrícolas adaptados a las condiciones ambientales locales.

A través de estas acciones, el Gobierno de México busca impulsar políticas públicas que garanticen la protección de las semillas nativas frente a los desafíos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la dependencia de semillas comerciales, promoviendo al mismo tiempo el bienestar de las familias productoras y la seguridad alimentaria de las futuras generaciones.

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